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Luigi Bosca

noviembre 10, 2014 Gente de Vino No hay Comentarios

Por Deby Beard. Una cata no es ni más ni menos que el análisis sensorial de la cualidades de un vino. En otras palabras, es el acto de beberlo con atención, percibiendo cada una de las características que la bebida comunica. Es un proceso simple, sencillo y gratificante, que tiene etapas de aprendizaje y perfeccionamiento, que cualquier persona puede disfrutar. No es exclusivo de algunos, simplemente se necesita la predisposición al placer sensorial. Para los que aún no han probado la experiencia de una cata, vale la pena aclarar que no se trata de una práctica reservada para iluminados. La técnica para catar vinos está al alcance de todos. Catar es una acto voluntario y reflexivo, que requiere tan sólo de un par de cualidades: buena memoria, capacidad sensorial, técnica de cata (que se aprende rápidamente) y capacidad para emitir un juicio exacto (que se logra después de haber probado varios vinos).

En estos días tuve la oportunidad de catar los magníficos vinos de Alberto Arizu: Luigi Bosca Malbec: es un vino de color rojo intenso, con aromas definidos a frutos rojos maduros, especias y pimienta negra. La intensidad de su entrada en boca se complementa con la suavidad y el dulzor de los taninos, respetando las características del varietal en Argentina. Un tinto puro, de gran cuerpo, estructura, carácter y toda la jugosidad típica de la variedad. Permanencia larga y final de boca elegante.

Luigi Bosca Syrah: un vino de intenso color púrpura y muy aromático. Se perciben notas de ciruelas negras, grosellas, laurel y algo de chocolate. En la boca equilibra intensidad, cuerpo y estructura con delicadeza. Tiene un muy buen volumen de boca, taninos firmes y maduros, un paladar carnoso y consistente, y un final largo y persistente.

Luigi Bosca De Sangre: Cabernet Sauvignon 85%, Syrah 8%, Merlot 7%. Luigi Bosca De Sangre es un vino de color rojo granate con tintes violáceos que adquiere su gran complejidad y estructura del suelo calizo. Este blend vigoroso y robusto, de gran intensidad, presenta aromas exuberantes a frutos negros y especias. En boca muestra buen cuerpo y carnosidad, volumen amplio, taninos dulces y textura aterciopelada. Final prolongado y agradable al paladar.

Sirvo el vino en la copa y casi sin pensarlo lo hago girar en la copa. Con cada nota, con cada aroma que llega a mi se desata una interminable cadena de personas que están detrás de cada una de sus gotas.

El vino me ha reconciliado con esencias muy mías que creía dormidas como la creatividad, la imaginación, la prosa abundante y la capacidad de disfrute, pero más que nada me ha dado amigos entrañables como Alberto Arizu, con su dulzura y talento y Rafael de Orellana, inteligente y amable, quien trae estas joyas a nuestro país.