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Anacreonte, el dulce beber cortesano

octubre 22, 2015 Historia del vino No hay Comentarios

Por Carlos Iglesias. No siempre en la antigüedad el beber va asociado a una vida que desborda cualquier clase de límite vital, como sucede con esta representación de Baco que nos ofrece Rubens; un Baco rebosante de carnalidad y sin el menor atisbo de pudor. Existe otro modo de beber más pausado. Es el caso de Anacreonte (572 y 485 a.n.e) cuyos versos se acomodan a las formas de vida cortesana ligeramente pesimista.

El beber de Anacreonte, como un remedo de situaciones limítrofes: «Mejor quedar tendido en el suelo dominado por la borrachera que no por la muerte.» Pero el acto de beber no debe desentonar con la vida moderada: «Dame, muchacho, una copa amplia, en la que pueda beber generosos tragos. Mezcla cinco medidas de vino viejo con diez medidas de agua para que ningún exceso llegue a perturbar las alegrías de Baco…

Vamos, vierte vino; pero nada de alboroto ni tumultos; tratemos de evitar la ebriedad brutal de los escitas: bebamos, bebamos, rodeados de cantos amables». Incluso existen razones genéricas que justifican plenamente el beber: «La tierra negra bebe la onda, la mar bebe los aires, el sol bebe la mar y la luna bebe el sol: ¿porqué combatir mis deseos cuando yo quiero beber también?» No reside en los mortales el poder de prolongar la vida y vano intento es gemir cuando la muerte se nos acerca, por esto: «Lo mejor es beber y después de haber bebido el dulce néctar, reunirme con mis amigos y sobre un mullido lecho sacrificar a Venus.» Porque la muerte es omnipresente, lo más sensato es “aprender a beber el dulce licor de Baco” para “sumergir nuestras almas en el olvido de las penas”, ya que cuando la mortaja cubra nuestros cuerpo no existirán los deseos.

Nos ofrece Anacreonte todo un recetario de alivios que nos proporciona el vino:

«Cuando bebo vino la alegría se aposenta en mi corazón y me pongo a alabar a las musas.

Cuando bebo vino alejo de mí las inquietudes; los pensamientos desoladores se alejan con las alas de los vientos que atormentan los mares.

Cuando bebo vino, el alegre Baco me balancea en los aires perfumados después de haberme embriagado con su dulce licor.

Cuando bebo vino, trenzo coronas de flores, las coloco sobre mi cabeza y canto la quietud de la vida.

Cuando bebo vino, ahogo en mi espíritu las copas profundas, y retozo alegremente en un enjambre de jóvenes vírgenes.

Cuando bebo vino, es la única ganancia verdadera, la única que podré llevar conmigo, pues la muerte es nuestra ganancia común».

Todo un catálogo que muchos estaríamos dispuestos a firmar muy gustosamente.

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